Participantes llenos de energía, alegría y presencia, entre el cielo y la tierra. El bienestar se expande cuando la práctica de qigong se realiza en un paisaje natural de belleza profunda. Desde la mirada taoísta, el ser humano no está separado de la naturaleza, sino que forma parte de ella y comparte su mismo origen.

Las grandes cualidades del taoísmo —el vacío, la sencillez, la espontaneidad y el fluir— se manifiestan de forma viva en la naturaleza: en la quietud de las montañas, en el curso del agua y en la sabiduría silenciosa de los árboles. En su presencia generosa, la naturaleza se convierte en refugio, matriz y camino. Nutre aquello que somos en lo más profundo y protege las cualidades esenciales que a menudo quedan veladas por el ruido cotidiano.

Los ejercicios sencillos de qigong, practicados en la serenidad de la naturaleza de la Cerdanya, revitalizaron cuerpo y mente. Fueron días de belleza, calma y plenitud.

Primavera, verano, otoño, invierno… y de nuevo primavera.
El tiempo en oriente es circular, regresamos al origen y la vida se renueva.

¡Volveremos!