La fuerza del roble

No hay que ser practicante de qigong ni druida celta para sentir el poder del roble, solo hay que estar tranquilo, prestar atención y sentir… con solo apoyar suavemente las manos en el tronco te conectas con su latido, en breves instantes te alineas con la pulsación y entras en resonancia con el fluir del universo.

La palabra roble viene del latín “robur roboris” que significa fuerza o fortaleza, un término muy acertado para un árbol imponente, resistente y poderoso. En occidente es el árbol por excelencia, es el señor de la lluvia, de los truenos y los relámpagos. El árbol sagrado para los celtas, los griegos lo consagraron a Zeus, los romanos a Júpiter, los eslavos a Perun, los bálticos a Perkunas, los germanos a Dunar y los nórdicos a Thor. En Euskera lo llaman Haritza la misma palabra que designa el primer linaje de reyes de Navarra.

En oriente, el roble no es “santo de devoción”, los chinos de la antigüedad admiraban la flexibilidad del sauce, la adaptabilidad del pino, el renacer del ciruelo y otra suerte de virtudes que no la -fuerza pura y dura-.

Hace poco, un pastor del valle de Baztán me explicó algunos “rituales de salud” con el roble, algo parecido a los ejercicios qigong, pero en clave occidental. Algunos de ellos son: realizar 9 vueltas alrededor del árbol pidiendo protección y vigor, frotarse el cuerpo con la corteza y luego dejar la ropa debajo del árbol para eliminar la enfermedad o cruzar un tronco abierto de un ejemplar centenario para restaurar la salud.

En Jaunsarats, hay dos robles pedunculados centenarios (quercus robur) declarados monumentos naturales que no tienen desperdicio. El primero, llamado Kisulabe-ko Haritza, tiene el porte bastante trasmochado y una cintura gruesa, nada más y nada menos que 10,10 m, es considerado el más ancho de todos los arboles de Navarra. Este roble alberga hongos, líquenes, musgo, helechos, hiedras e incluso brotan en él pequeños arboles y arbustos sin identificar, un auténtico microcosmo reflejo del macrocosmo.

El segundo roble, llamado Landa-ko Haritza, me gustó más porque contiene un gran hueco en el tronco, un vacío creativo que pudo contener todo lo que me imaginé y más…

Durante un buen rato realicé mis ejercicios qigong de intercambio energético, toda una bocanada de energía. Y acabé realizando 9 vueltas alrededor. Por si acaso. Yo también soy occidental!
Núria Leonelli Sellés

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