percepción clara

Una sesión de qigong propone un modo de actuar distinto al de nuestras rutinas cotidianas. Es una propuesta para movernos, respirar y adoptar posturas que no son habituales para nosotros.

Pero no se trata de posturas forzadas, movimientos complicados o esquemas posturales extremos. El qigong es una practica asequible y aparece como un juego en el que se nos pide que empleemos nuestras capacidades funcionales y perceptivas de otro modo.

Practicamos una actividad física, en la que atendemos a los movimientos y a su coordinación. Al flujo de la respiración y a la ejecución correcta de las posturas.

Es un nuevo reto “jugar en campo contrario” que al ser distinto de nuestra cotidianeidad obliga al conjunto de nuestras facultades perceptivas a adaptarse en un entorno desconocido.

el cambio es adaptación

La capacidad adaptativa de la percepción desencadena así un proceso de cambio:  nueva exigencia implica nueva respuesta, y con ello, una adaptación más eficaz.

Pues lo que entra en juego no es sólo la actividad física y el ejercicio de la respiración sino su coordinación con las facultades psicológicas. La percepción, la atención y la concentración: el practicante debe ser consciente tanto de unas como de otras.

La práctica del qigong no es aleatoria o meramente intuitiva sino que se ciñe a un método: regular el cuerpo, regular la respiración y regular la mente. La secuencia de este proceso redunda en la ampliación y el afinamiento de nuestras facultades cognitivas.

Aporta más información y de mayor calidad referente a nuestro estado psicofísico y de nuestro entorno y condiciones de vida en general: vivimos nuestra vida más atentos,  más despiertos y más motivados.

Texto redactado gracias a la colaboración de Gabriel Jaraba, profesor de qigong y profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona

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